13 mayo 2010 Crónicas, Festivales, Funk, Jazz, Ska

womazo.jpg

Prosigo esta modesta crónica sobre lo que se pudo vivir en el pasado Womad 2010 exactamente dónde habíamos dejado la primera parte, es decir, en la noche del viernes. Con la llegada de la noche, la lluvia concedió una pequeña tregua, los escenarios se llenaron de luces y en la Plaza Mayor se concentró la mayor parte del público. A las nueve, la ex-integrante de Amparanoia, Amparo Sánchez presentó buena parte de su primer trabajo en solitario Tucson Habana , vestida de medio flamenca y con un registro ciertamente alejado del de su anterior formación.

Tras el paso por el escenario de los “samplers” mejicanos de Nortec Collective, llego el momento que muchos esperábamos con ansiedad. La leyenda, la veteranía y la elegancia de The Skatalites. Para quienes no los conozcan, decir simplemente que inventaron el sonido ska y que además, sin su aportación a la música, estilos como el rocksteady, el dub o el propio reggae de Bob Marley no hubieran sido posibles. Aunque quede poco de la formación original con la que comenzaron a tocar a principios de los 60, han conseguido mantener vivo el espíritu de sus inicios y bailar con sus sincopados ritmos en directo e impregnarse de pura esencia jamaicana es todo uno.

Después de una noche de viernes que muchos alargaron (aquellos a los que no les tocara llevar amigos demasiado “pasados” a casa) en las numerosas “timbaladas” del centro o en alguno de los locales de la zona de La Madrila, nos plantamos en el último día de festival, jornada que un servidor comenzó de cañas por Cáceres, ya que la lluvia disuadía de realizar planes al aire libre. Las propias condiciones meteorológicas obligaron a unificar distintos conciertos que se deberían haber realizado en la plaza de las Veletas o San Jorge bajo el escenario principal -que estaba perfectamente cubierto- de la Plaza Mayor.

Si el sonido jamaicano fue el que presidió las manifestaciones musicales del viernes, los ritmos provenientes de África fueron los que consiguieron activar a la gente entre la pertinaz lluvia del sábado. Así, pudimos escuchar la personal y enérgica voz de la nigeriana Nkeka o a Terakaft, auténticos tuaregs con guitarras eléctricas llegados desde Malí y que hacían una estampa realmente curiosa con sus vestimentas del desierto y bajo el frío aguacero cacereño. El broche de oro -o casi se podría decir de marfil, en este caso- lo puso un inconmensurable Seun Kuti . Recogiendo la herencia del “Afrobeat” de su padre, Fela Kuti, el músico nigeriano, acompañado de su banda, The Positive Force, obligó a todos los presentes a menear el esqueleto y el paraguas al frenético ritmo que imponía su fusión de jazz, funk y sonido netamente africano. Todo ello con un gran sentido del espectáculo, tanto por el propio Seun Kuti (traje de leopardo ajustado y bailes al más puro estilo James Brown), como por la banda (sobre todo por las sensuales coristas).

En definitiva, tres días magníficos de música y compadreo en un marco inigualable como es el de la ciudad de Cáceres, que solo se vieron empañados por un cielo desagradable y por alguna que otra regla estúpida que se le debió de ocurrir a algún iluminado, como que no se pudiera acceder al recinto de conciertos con botellas con tapón -aunque sí con navajas u otros enseres de mayor calibre, ya que en esto no se fijaban-.

También te puede interesar

Comentarios

3 comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *