5 mayo 2010 Críticas, Lanzamientos, Rock

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El segundo de los dos discos que componen Bajo la corteza arranca con una versión de Maneras de vivir, seguramente la canción de la que se han hecho más versiones en el ámbito del rock español. De esta, a cargo de Miguel Ríos, al que siempre he pensado que se le pasó el arroz hará cuestión de 30 años, prefiero no hablar, y mejor que cada uno saque sus propias conclusiones, aunque supongo que no aporta nada nuevo. Puestos a recomendar una de las múltiples versiones que existen, sin duda me quedo con la que hicieron Kutxi Romero y Jatajá, una curiosa mezcla de bulerías y reggae.

La que, sin embargo, constituye una grata sorpresa es la segunda canción, en la que Marcela Ferrari traslada al tango Mientras tanto, creo que con bastante acierto aunque a muchos les pueda sonar extraña. También merece ser destacada, aunque no sean santos de mi devoción, la revisión que Mägo de Oz hacen de ¡Qué desilusión!, otro tema imprescindible del cancionero legado por Leño.

Más previsible, que no por ello exenta de calidad, es No lo entiendo, interpretada por La Leñera, banda que tiene su razón de ser en la herencia de los homenajeados. Por su parte, Insisto entra con soltura por la vía del swing en la versión que de ella hace El Bardo, si bien la voz no llega a transmitir del mismo modo que lo hace el resto de la canción.

Y así llegamos a Sin Solución, para mí la mejor del segundo compacto, todo un rocanrol a cargo de Antonio Vega, que fallecía poco después de registrarla (quizá una premonición) con sus siempre frescas guitarras y una voz que poco a poco iba apagándose, en este caso más verdad que tópico. También gana en frescura, y en velocidad, el tema del que se ocupan Garaje Jack, La Fina, clásico blues del maestro Rosendo, al que sigue la contundente Castigo, que Más Madera simplifican en clave punk.

Casi sin tiempo para reponernos, nos encontramos con Apágalas, puro ska por cuenta de Salida Nula, que precede a La Nana, de Edith Salazar, sencillamente impresionante a la hora de lavarle la cara a otro temazo de Leño. El remate de este trabajo lo constituyen Corre, corre, que cambia poco en la versión del grupo Maneras de Vivir, formación también dedicada a rememorar el cancionero de los madrileños, y No voy más lejos, a cargo de Pereza y sus admirados Burning, que perfectamente podría insertarse en el rock de mediados de los setenta y que irremediablemente remite a los Rolling Stones.

Por último, el cierre es inmejorable, y de él se encarga Rodrigo Mercado, hijo de Rosendo y cantante de reggae, que adapta a sus esquemas Este Madrid, y que, como explicaba Ramiro Penas en una entrevista a Maneras de Vivir, nació el mismo día en que la banda grababa por primera vez la canción, que además de ser una de las primeras conocidas de Leño supuso que algunos se rasgaran las vestiduras al escuchar su contenido. En definitiva, estamos, como se dijo, ante un disco homenaje que, por múltiples motivos, entre ellos la idea de la que parte, supera con creces los niveles de calidad y autenticidad de estos trabajos, al tiempo que, esperamos, sirva para mantener aún más vivo su legado.

Enlace | Crítica de Bajo la corteza, homenaje a Leño (II)

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