23 agosto 2017 Crónicas, Hip-Hop, Pop, Punk, Rap, Rock, Ska

La Raíz

Volvemos a la carga con Lágrimas de Sangre cerrando su espectáculo. Venciendo al calor de la tarde, mucha gente se entrega a cada canción de rap melódico optimista. Suenan potentes y muy limpios en canciones como la pegadiza Voy a celebrarlo o la final Blancs Wu-Tank, que pone a todos firmes. Frente al escenario de Mafalda muchas caras lucen colores de guerra en honor al grupo. Congregan a un grupo numeroso de espectadores que aplaude sus consignas feministas y de respeto entre los asistentes (en pogos, por ejemplo), así como su postura en pro de los derechos de las trabajadoras del sexo. Sacan un sonido suficiente aunque los micrófonos de las dos vocalistas están demasiado bajos al inicio y muestran algún problema puntual a lo largo del show. Entre maquillajes de payaso y ropas de circo desgranan temas políticos que gustan al respetable.

Turno de Aspencat y su ska rock con mestizaje. Reúnen a mucha gente frente a ellos; ¿es cosa mía o el sábado hubo un promedio mayor de asistentes? Los valencianos ponen al público a saltar y bailar con energía. Aprovechan la ubicación del festival para hablar en valenciano a sus fans en un directo potente y movido. Los italianos Talco cuentan con una gran base de seguidores en España y Rabolagartija lo demostró. Su música, contundente y rápida de principio a fin, reunió mucho público que no paró de animar, saltar y moverse en su más de una hora de descarga. El grupo no cesa de invitar al jolgorio, sudan la camiseta; uno de esos nombres que levantan a cualquiera. Se defienden bien en castellano, lo que les permite una interacción fluida. Catarsis grupo-gente entre cánticos al St. Pauli, La torre, su versión el himno antifascista italiano Bella ciao o la reconocible Danza dell’autumno rosa.

Rozalén rompió todos los tópicos y prejuicios con un concierto animado y diferente. Un acierto de la organizaciónRozalén salta al escenario junto a una intérprete de signos para sordos que traduce sus letras mientras la artista las canta. Vestidas de igual modo -de negro y con una flor roja en el cabello-, la intérprete baila y anima al tiempo que cumple su función, sirviendo al tiempo como complemento al show para todos. Loable labor de visibilización. Su pop con tintes de flamenco reúne a muchos fieles en las primeras filas y a curiosos en los márgenes. Apuesta arriesgada de los promotores que sale bien: suena entregada y pone a casi todos a bailar y corear sus canciones. Rozalén agradece la invitación al festival y la recepción recibida, y nos da la “gracias por abandonar los prejuicios” que la situarían como artista pop comercial. Su concierto prueba que merece la presencia en el Rabolagartija. Girasoles -animado sencillo de su inminente disco, a la venta en septiembre- u 80 veces encandilan al público, que aplaude sus mensajes en favor de la mujer. Incluso bailamos pasodoble por petición de su simpatía. Un descanso pop en la marisma ska-punk-rock.

Caída la noche el particular acento de Muchachito lleva a miles de personas a bailar y moverse al ritmo de su guitarra y su bombo -que toca al mismo tiempo-, mientras la banda pone el fondo animado. Suenan claros y echamos en falta mayor volumen en el micrófono del cantante y compositor. El pintor Santos de Veracruz da forma sobre el lienzo al imponente castillo de Villena -recomiendo su visita, no defrauda- mientras el recinto se cubre de asistentes bailarines durante sus 80 minutos. Chapeau. El plato gordo de la jornada se llama La Raíz. El recinto se abarrota hasta los topes frente al escenario dedicado a Camarón. Ante varias pantallas verticales dispuestas sobre el escenario que mostrarán imágenes relacionadas con las canciones saltan los miembros del grupo y sus cuatro cantantes y coristas. Éstos se muestran muy activos, corriendo de un lado a otro, saltando y animando a la concurrencia. El público se entrega por entero a temas como Jilgueros, Entre poetas y presos, Múerdeles, Borracha y callejera, Nuestra nación o A la sombra de la sierra. Crean momentos íntimos y emotivos en La hoguera de los continentes, El circo de la pena o la más desconocida pero igual de profunda El tren huracán. La Raíz ya es un grupo de estadio con espíritu reivindicativo y humilde. Concierto limpio, con prevalencia de las voces sobre los instrumentos, lo que ayuda al éxtasis lírico del público y a la sensación de canción-himno. Hora y media que se hace corta y que se cierra con bises en que Rueda la corona (el pueblo la pide al grito de “que ruede la corono”) y Nos volveremos a ver rompen la escena.

La Raíz llena el recinto y pone a muchos miles de personas a saltar, corear y bailar. ImparablesRelajamos el ritmo con Canteca de Macao en su último concierto festivalero antes de su despedida en Madrid el 11 de noviembre y su posterior disolución definitiva tras 14 años sobre las tablas. Su mestizaje con algo de rumba y flamenco no atrae a la masa que esperaríamos en una despedida, teniendo ante sí un grupo de gente escaso para nuestras expectativas; las altas horas de la noche les pasan factura en asistencia. Lo tranquilo de su música en relación a otras bandas incita a bailes más pausados y medidos, con el cansancio haciéndose notar en los rostros. Encaminado hacia las tres de la noche Iratxo y su banda hacen acto de presencia. De nuevo estamos ante un grupo no muy amplio de espectadores, aunque en este caso sí animados y con ganas de marcha. Sus letras de autor trabajadas se tornan rock contundente en festival. Gritos, saltos, fiesta… y boda. Un hombre feliz sube bajo los focos invitado por el artista. Muestra una serie de carteles a la cámara y cuando termina la canción su novia se reúne con él atravesando el foso. De rodillas él pide su mano con un anillo y ella nerviosa no sabe dónde meterse. Iratxo anuncia la buena nueva: “¡le ha dicho que sí!” y todos estallamos en vítores y aplausos. Continúa la descarga y logra que se forme un pogo tras varios intentos. Concierto breve pero intenso.

Hasta aquí nuestra visión del festival Rabolagartija 2017. Unas últimas consideraciones generales: se agradece el suelo de césped (aunque quedase tan perjudicado tras la celebración del Leyendas del Rock en el mismo espacio), así como la posibilidad de introducir comida y agua, y que dispusiesen fuentes potables dentro del recinto. Las letrinas fueron suficientes, con algunos momentos de masificación esperables en los conciertos más jugosos. Lo mismo sirve para los puntos de entrada. Las dos grandes pantallas permiten disfrutar del show desde cualquier punto. El ambiente entre los asistentes fue muy bueno, amistoso y con el respeto por bandera. El sonido estupendo con excepciones puntuales, buena disposición general de puestos de comida y productos. Los precios en barra algo caros, pero por desgracia es la tónica habitual en esta clase de eventos; sin embargo la iniciativa de cambiar basura por bebida dejó un recinto bastante limpio y algunas gargantas saciadas, un acierto claro (aunque no debería distinguirse entre tipos de vasos, que todo el mundo se lanzaba a por los grandes y abandonaba los pequeños). Pese a su corta edad, el Rabolagartija se erige como cita ineludible a los amantes del ska y el mestizaje.

Más en Miusyk | Crónica del festival Rabolagartija 2017 (viernes, 18 de agosto)

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