7 junio 2010 Conciertos, Crónicas, Latino, Pop

Ambiente Valladolid Latino 2010

El sábado 29 de mayo tuvo lugar uno de los mayores eventos musicales en cuanto a música en castellano se refiere. Hablamos del Valladolid Latino 2010, que en esta su quinta edición, nos trajo artistas de la talla de Paulina Rubio, Chayanne, Marc Anthony o David Bisbal, entre otros. Y, ¿lo adivinan? Pues sí, como no podía ser de otra manera, Miusyk.com estuvo allí para relatarles todo lo sucedido.

Los espectadores más madrugadores se fueron concentrando desde primeras horas de la mañana en torno al estadio José Zorrilla para poder estar cuanto más cerca de sus ídolos. Esta espera no era necesario para los cerca de mil privilegiados que habían adquirido a un precio algo superior su entrada Gold, que daba acceso a la zona Front Stage. Ni mucho menos para los pocos afortunados que lograron alguno de los pases Back Stage que sorteó la cadena 40 Principales, copatrocinadora del evento.

Entre los asistentes se podía encontrar un variopinto mosaico de edades, nacionalidades y lugares de procedencia. Comunidades como Madrid, País Vasco o Asturias tuvieron sus representantes en el público, en virtud a los autobuses que la organización fletó desde quince ciudades de la geografía española directamente hasta el festival. También, entre el respetable, una nutrida representación de los países latinoamericanos llenó de colorido las gradas enarbolando las banderas de sus respectivos países.

En total, más de 22.000 personas fueron cruzando las puertas del estadio cuando estas se abiertas a las cinco y media de la tarde. Muchos de ellos llegaron cuando la noche se abría paso en el firmamento vallisoletano y los artistas más conocidos comenzaban a subir al escenario. Pero una gran mayoría del público, desafió al excesivo calor de la tarde, más típico de un día de verano, y se introdujo en todo el meollo para disfrutar desde la primera nota.

Chloe

Esto ocurrió a las siete en punto cuando el grupo local Chloe accedió al escenario y comenzó a cantar “Recuerdos de ti”, un tema que rinde homenaje a la ciudad que les ha visto crecer como artistas y les ha permitido compartir escenario con grandes de la música en este Valladolid Latino.

Calentando motores

Chloe sirvió de entrante frío para lo que sería el resto del menú. Fueron quince los minutos de gloria de los que pudieron disfrutar, y que el quinteto vallisoletano aprovechó para desplegar todo el talento de su pop cercano y rítmico bajo la melódica voz de Eva, su vocalista. Los de pucela interpretaron cuatro temas de su primer disco “…y los relojes se pararon”, que sirvieron para calentar el ambiente y, de paso, dar a conocer su música a todos aquellos que no les conocían.

Calle Paris

Tras los chicos de la tierra, llegarían unos hermanos hispano franceses que han entrado con paso firme en el panorama musical: Calle París. El dúo formado por Patricia y Paul obsequió a los presentes con varios temas de su álbum debut “Palabras secretas”, entre ellos, “Grita”, “Desde que te he conocido” y, como no podía faltar, el single que les dio a conocer: “Te esperaré”.

El dúo hispano francés provocó la primera de las anécdotas de la velada, pues tras cantar otro de sus éxitos, “Tú, sólo tú”, Patricia se dirigió al respetable para anunciar la canción con la que se despedirían, pero que, sin embargo, no pudieron ni tan siquiera tararear. Los equipos de montaje entraron a saco en el escenario y, prácticamente, les echaron de allí, ante las protestas del público, que se quedó con ganas de disfrutar de ese último tema.

Maldita Nerea

El tiempo apremiaba y había que dejar paso al tercer conjunto. Ya eran las ocho de la tarde cuando Maldita Nerea comenzó a desvelar “El secreto de las tortugas”. Esta formación con origen en Murcia, pero muy vinculado a Castilla –concretamente en Salamanca, donde comenzaron sus recitales en pequeñas salas–, ofreció un completísimo compendio de canciones repasando su trayectoria musical. “Piedra, papel o tijera”, “Por temor a equivocarnos” o “Cosas que suenan a…” fueron algunos de los temas que lograron arrancar los primeros coros entre el público.

Tizziano Ferrol

Tiziano Ferro llegó a continuación, invadiendo el escenario con sonidos electrónicos y un ritmo explosivo. Tanto es así que en su segundo tema fundió los plomos. De pronto, las pantallas se quedaron en negro, las luces se apagaron y el sonido enmudeció. El italiano se enfrentó a la contrariedad con buen humor y, lejos de abandonar el escenario, se acercó hacia el público para estampar su firma en discos, camisetas y todo tipo de material que le llegaba al proscenio vía aérea.

Cosas del directo. Las ocho horas ininterrumpidas de música tuvieron un imprevisto descanso que se prolongó durante más de quince minutos. Los asistentes, sin artistas y sin el hilo musical que acompañaba los cambios de escenario, aprovecharon el tiempo muerto para acercarse a la barra a saciar la sed, o a los puestos de comida a por un cacho de pizza o un bocadillo con el que poder recargar energía. Al fin y al cabo, el sol ya se estaba ocultando en el horizonte y la noche tan solo acababa de empezar.

Cerveza

Las estrellas brillan en la noche vallisoletana

“Ya les iba a contar un chiste”, bromeó Tiziano Ferro en cuanto recuperó la voz, “pero mejor les canto, que para eso hemos venido aquí”. E hizo muy bien. Tras solventar los problemas, el italiano desplegó todo su encanto y su ritmo, consiguiendo que el público que se hubiese enfriado durante el obligado parón, se calentara de nuevo con rapidez.

Con “Perdona” y “Rojo relativo”, temas con los que se dio a conocer en España, Tiziano puso a los presentes a comer de su mano, y se los metió en el bolsillo con “El regalo más grande”, un tema que aquí en España comparte con Amaia Montero, pero que no necesitó de su ayuda para conquistar a los asistentes al Latino más romanticones.

Tiziano Ferro cerró con un tema que hizo saltar alocadamente a todo el público, incluidos a los que descansaban en las gradas. Un contagioso y curioso tema dedicado a la artista Rafaella Carrá, de la que Tiziano se apropia egoístamente con “Rafaella es mía”. Afirmación esa que muchos seguramente quisieran hacer realidad de la siguiente en pisar el escenario, porque tras el italiano, llegaba la mexicana: Paulina Rubio.

La noche caía ya sobre la ciudad cuando se produjo la espectacular entrada en escena de la chica dorada. El escenario quedó cubierto por un gran telón en el que se podía leer “Gran City Pop”, título de su último disco. Cuando los primeros acordes de “Algo de ti” comenzaron a sonar, el telón cayó literalmente, a peso, y la Pau salió de entre la niebla con una especie de gorra con plumas, una chaqueta azul de corte militar en tiempos de napoleón y un pantalón lo suficientemente corto como para que se le viera algo de muslo por encima de sus altas botas de tacón. Vamos, muy discretita ella.

Paulina Rubio

Paulina Rubio ofreció un repertorio en el que mezcló temas de su último trabajo como “Ni rosas ni juguetes” o “Causa y efecto”, con grandes éxitos del pasado como “Ni una sola palabra”, “El último adiós” o “Lo haré por ti”. Y eso sí, la mexicana procuró que las voces de los presentes no cesaran de acompañarla en ningún momento, lo que probablemente provocara alguna que otra afonía al día siguiente.

Cuando Pau se disponía a abandonar el escenario, y ya sus músicos enfilaban los últimos acordes tras la despedida, un nuevo apagón –esta vez, sólo de sonido– dejó a la mexicana sin el apoteósico final. Mudos, y sin darse cuenta, la Rubio y su banda continuó pululando por el escenario formando una mímica un tanto ridícula hasta el último sordo golpe de baqueta.

Mientras esperamos la segunda parte de la cobertura, sólo nos queda agradecer a nuestro compañero Ángel J. Blanco de VayaCiudad su genial crónica de este festival tan especial.

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