12 mayo 2016 Hard Rock, Noticias, Rock

Ian Anderson

El gran Ian Anderson volverá a España en mayo, el 20 en Santa Cruz de Tenerife, y junio, el 9 en Vigo y el 11 en Bilbao, pero antes ha querido conceder una curiosa entrevista en la que habla de distintos temas que nos permiten conocer mejor su curiosa forma de ver la vida.

Sobre el destino de cada cual confiesa que “mi primer grupo, The Blades, estaba formado por un par de amigos del colegio y por otros más. En ese grupo estaban ya John Evan (teclista de Jethro Tull hasta 1979), Barriemore Barlow (batería de JT hasta la citada fecha) y Jeffrey Hammond (bajista de JT entre 1970 y 1975). No creo en el destino sino en reducir riesgos futuros. Te encuentras con gente en el colegio, decides formar un grupo de pop y poco a poco todo va cuadrando. Esto no puede estar decidido de antemano, sería demasiado sobrenatural para mí”.

Sobre su apoyo al castigo corporal comenta que “lo dice uno que fue expulsado del colegio por negarse a ser azotado, no me gusta el dolor. Le expliqué al jefe de estudios que aceptaría cualquier otro tipo de castigo por lo que había hecho pero que no podía azotarme. El problema era que él disfrutaba haciéndolo. Al final me echaron a la calle. Levanté la gorra de mi escuela y la dejé en un charco”.

La vida va de encontrar algo en lo que eres bueno y seguir por ahí, “cuando tenía cuatro años quería ser maquinista y después entrar en el ejército. También quería ser policía o actor. Después periodista. En la escuela de arte me enganché a la música. Cuando tenía dieciocho años no debería haberme sorprendido que cinco décadas después iba a estar dedicándome a esto. Desde que empecé quería tener una carrera que durase toda la vida. Mi plan B era trabajar como productor, compositor o, que Dios me amparase, en una discográfica”.

“Cambié mi Stratocaster por una flauta y un micrófono tras escuchar a Eric Clapton”

Como es lógico, también hay que buscar una forma de financiar ese sueño personal. “Trabajé a tiempo parcial en un cine en Luton. Mis responsabilidades incluían limpiar el lavabo. Cuando me fui de ese trabajo me llevé un orinal, estaba roto y llevaba tiempo en el cuarto de los trastos. Me lo llevé a mi solitario ático. Igual me servía para algo. Pensé en convertirlo en una fuente”.

También es importante conocer tus límites para lograr algo en la vida. “Cuando tenía once años cogí la guitarra para tocar en un grupo de skiffle que luego terminó sonando a blues de Chicago. Mi técnica había evolucionado de forma que podía improvisar solos de guitarra y tocar un poco. Y luego me compré un disco de John Mayall con Eric Clapton. Primero me gustó, luego me sentí intimidado. Cambié mi Stratocaster por una flauta y un micrófono Shure Unidyne 3. Tras esa revelación con Clapton seguí aprendiendo de Jeff Beck, Jimmy Page y Ritchie Blackmore. Al menos no tuve el menor reparo para cambiar de instrumento”.

De la religión opina que “En Aqualung hay dos temas que comentan mi difícil relación con ciertos aspectos de la religión pero son rabietas de colegial. A esa edad las hormonas empiezan a hacer de las suyas e intentamos encontrar nuestros lugar que suele ser el opuesto al de la autoridad. Como chico de veintitrés años me aproveché de esa angustia vital. Creo que respeto tanto al Cristianismo como al Islam o al Judaísmo aunque me pone bastante nervioso que cada cual presente su libro sagrado como la palabra de Dios y como un manual para indicarnos cómo actuar en cada momento”.Enorme como siempre. Esperamos vuestros comentarios al respecto.

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