30 septiembre 2012 Curiosidades, Noticias

A veces dedicarse a la crítica musical no es sólo dedicarle horas y horas a tu pasión sino que también se convierte en una sub industria en la que sólo se comentan los discos de los grupos que pagan publicidad en tu revista o web, en pedir acreditaciones por la cara, en ir a los conciertos a escuchar las dos primeras canciones y marcharse y a todo tipo de tropelías.

Juan Puchades repasa en este artículo todo lo anterior y lo hace de forma brillante. En la noticia extendida os transcribimos los mejores fragmentos de un texto que deberéis leer en su totalidad para conocer un poco más la “cara B” de este negocio.

“Generalmente (si hablamos, por ejemplo, de un grupo debutante) se cubre el expediente con una breve entrevista, mucho más aséptica que una crítica y que no conlleva mayores implicaciones. No hay que escandalizarse, el juego es ese y nadie se ensucia demasiado: entrevistas se publican muchas y no necesitan reflejar la opinión del que la realiza. Al redactor al que le encargas el texto no tienes ni que informarle de que hay publicidad de por medio, solo tiene que hacer su trabajo con la corrección habitual”.

Se abusa de la necesidad más perentoria de dar a conocer la obra propia: la que se ha compuesto, se ha grabado y se ha autofinanciado como buenamente se ha podido para ponerla en la calle. Imagino la sorpresa del músico al saber que, no suficiente con todo ello (o con tener que alquilar las salas donde presentarse en vivo), además, si quiere que determinados medios hablen de su disco, tiene que pagar por ello”.

Leed el artículo completo y comentadnos qué pensáis al respecto.

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