10 agosto 2010 Crónicas, Festivales, Flamenco

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Si algo hay que destacar de la celebración de la XXXVI edición del Festival Castillo del Cante de Ojén que tuvo lugar el pasado sábado 7 de agosto hasta bien entrada la madrugada del domingo es el lleno absoluto que registró y que hacía años no se veía en este histórico evento, al que se sumaron unos 1.500 asistentes. La circunstancia, que en principio habrá que atribuir, principalmente, a la presencia de Miguel Poveda en el cartel, no debe sin embargo desviar la atención sobre otras cuestiones que invitan a reflexionar.

Como ocurriera en otras ocasiones, el encargado de abrir el festival fue el ‘artista sorpresa’, en este caso el joven cantaor Jesús Corbacho, al que además del esfuerzo desarrollado hay que agradecer que fuera el único cantaor que continuara una tradición propia de esta cita: la de terminar cantando sin micrófono ni adornos, dejándose la piel para rematar el recital, algo de lo que parecen haberse olvidado el resto de los participantes.

La siguiente actuación corrió a cargo de Miguel Vergara, El Pibri, bien arropado por sus paisanos de la cercana localidad de Álora y que dejó, por lo general, un buen sabor de boca a los presentes. Veterano cantaor, sabe de sus límites y lo que hace es auténtico, como se pudo ver en una malagueña propia, en los fandangos o en una milonga escrita por Rafa Lima en la que se abordan algunas de las miserias humanas más propias de estos tiempos que corren.

Para terminar, la copla asomó por primera vez a lo largo de la noche cuando remató su actuación junto al Niño de Aljaima cantando, por bulerías, la imperecedera Ojos Verdes. A continuación llegó el turno de La Cañeta de Málaga, bien acompañada por su marido, José Salazar, y Diego Montoya a cargo del toque. Setenta y ocho años sobre las tablas que han hecho posible que sepa meterse al público en el bolsillo desde el primer momento, aunque fuera a costa de hacer únicamente cantes festeros.

Sin embargo, pese a la alegría inicial y a la sumisión del respetable, conviene decir que también se vieron cosas impropias de un festival con una tradición importante en esto del cante jondo como es el de Ojén. Así, si en un principio arrancó algunas sonrisas al interpretar acertadamente por bulerías el tema Mi tierra de Gloria Estefan, la cosa fue saliéndose de madre mientras cantaba Corazón partío de Alejandro Sanz y culminó en esperpento cuando, para despedirse, se sacó de la manga una letrilla en torno a la victoria de la selección en el Mundial de Sudáfrica.

Más información | Ayuntamiento de Ojén

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Comentarios

1 comentario
  • José

    Buen artículo, y buena crónica de la noche flamenca en Ojén. Hacen falta más noches como esa.
    Como yo no soy escritor, no tengo que ser tan diplomático, y pienso que lo de “La Cañeta” fue simplemente vergonzoso.
    Por lo demás, una gran noche de cante.

    José

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  1. Crónica del Festival Castillo del Cante de Ojén (II) 11 agosto 2010

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