16 noviembre 2010 Clásica, Noticias

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La casualidad o el destino han querido que justamente en este año 2010, dedicado en Polonia a la celebración del bicentenario del más universal de sus músicos, se haya producido la muerte de Henryk Górecki, compositor que obtuvo, en pleno Siglo XX, un éxito popular comparable al del gran maestro Chopin.

Una notoriedad que consiguió con la grabación, en 1992, de una sinfonía (la tercera y la “Opus” 36 de su producción musical) conocida como “Sinfonía de los Lamentos”, “de las Lágrimas” o “de las Canciones Dolientes”, compuesta en 1976 y que en la grabación realizada en los años 90, por alguna de esas extrañas conjunciones que a veces se producen en el mundo de la música, alcanzó un nivel de ventas impensable para una obra académica contemporánea.

Escrita con un fuerte sentimiento religioso y usando elementos y melodías del floclore polaco, siempre se ha interpretado esta tercera sinfonía como un claro homenaje a las víctimas de los campos de concentración. Sin embargo, el propio Górecki escribió al respecto: “Tuve un abuelo que estuvo en Dachau y una tía en Auschwitz. Sabes lo que hay entre polacos y alemanes. Pero Bach era alemán, y también lo fueron Schubert y Strauss. Todo el mundo tiene su lugar en esta pequeña Tierra, así que todo eso quedó atrás. La Sinfonía n.º 3 no trata de la guerra; no es un Dies Irae; es una simple sinfonía de lamentaciones“.

Además de esta exitosa composición orquestal, Henryk Górecki quemó diferentes etapas en su paso por la vanguardia musical, como la inspiración serialista en los Scontri (1960) hasta llegar en lo que algunos dieron en llamar el reduccionismo sonorístico, o la “estética pobre”. Una concepción que retoma la tonalidad olvidada por buena parte de la vanguardia y que con su gran inspiración religiosa, revoucionó en cierta manera la tradición de la música sacra.

Górecki falleció el pasado 12 de noviembre en Katowice -la ciudad en la que siempre deseó residir- debido a complicaciones de una enfermedad pulmonar que lo había obligado a abandonar la composición hace ya varios meses.

Vía | El País

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