15 noviembre 2010 Críticas, Flamenco, Lanzamientos, Rock

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Mucho se ha venido hablando del añorado regreso de Raimundo Amador, uno de los guitarristas imprescindibles del país y responsable en buena medida del acercamiento del flamenco a otras músicas gracias a sus experiencias en Veneno o Pata Negra y posteriormente a su interesante carrera en solitario. Tras cinco años desde que viera la luz su anterior disco, un recopilatorio, Medio hombre medio guitarra llega para paliar esa espera mostrándonos a un Raimundo mucho más cercano y directo.

Para ello, el propio Raimundo, a lo largo de unos pocos de años, ha sido el responsable de su grabación, que se ha llevado a cabo de modo absolutamente artesanal en su residencia y en estudios de amigos. Así, a muchos puede sorprenderles la voz del artista sin distorsión ni extras de ningún tipo, así como la calidez de ciertos temas, empezando por Medio hombre medio guitarra, que da nombre al disco, una canción escrita por el poeta Pedro Rivera que define a la perfección al propio Raimundo, con guiños a la ciudad que lo vio nacer y a su trayectoria, alegre y pegadiza como pocas.

La producción, asimismo, está en manos de Amador y su hijo Mundy, algo que se aprecia, primeramente, en el alejamiento de la sobreproducción que el genio de las 3.000 Viviendas ha tenido que sufrir con bastante frecuencia en sus trabajos. Por otra parte, la participación de Mundy es la que explica, de acuerdo con el propio artista, la importancia de la música electrónica a lo largo del disco.

En cuanto a los músicos presentes en el disco, Raimundo Amador se ha rodeado de gente conocida, caso de Los Gerundinos, de modo que no faltan las aportaciones de gente como Pepe y Anye Bao, Álvaro Gandul o Ricardo Marín. También están presentes en Medio hombre medio guitarra Diego Amador, Lin Cortés y artistas como Juan Perro, El Pele, que aparece en una curiosa mezcla entre zambra y blues, Zatu de SFDK o Matt Bianco.

Destacable es también la aportación del difunto Antonio Vega, padre del riff del que parte la canción Sal de Najas y en la que, finalmente, Raimundo Amador le rinde homenaje por bulerías. También hay tributos al padre y a un hermano del artista, fallecidos no hace mucho, así como los clásicos temas instrumentales del maestro y una buena ración de esa filosofía vital tan suya, que asoma en distintos temas y en frases como ‘mucha mierda y poco swing, tós cantando por la tela’, del corte Mis zapatos no quieren bailar.

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