27 noviembre 2016 Conciertos, Rock

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Que The Cure son una banda inclasificable no lo vamos a descubrir ahora. Tras más de tres décadas de historia han logrado tanto hacernos bailar con sus singles como hacernos pensar con canciones que cambiaron la forma de entender el rock. Ayer en el Sant Jordi volvieron a demostrar por qué son una de las bandas más importantes de la historia de la música.

La noche estaba bastante desapacible, el personal se iba acercando poco a poco al Palau para ir pasando varios, y necesarios, controles de seguridad antes de entrar en el local. Tras ver el precio de las camisetas, treinta y cinco euros, y observar un poco el inmenso local salieron al escenario los escoceses The Twilight Sad.

El panorama era desolador, las gradas estaban medio vacías, la pista con apenas un cuarto de ocupación y el grupo lo dio todo. Inmensa la labor del batería y del energético cantante. Quizás su actuación fue un poco larga y el parecido con algunos temas de The Cure les pesó más de lo debido. Aun así, es un grupo a tener en cuenta para un futuro próximo.

Thecure-Barcelona

Tras un cuarto de hora aproximadamente salían The Cure al escenario charlando amigablemente entre ellos. El Sant Jordi estaba ya a punto de reventar, con todo vendido Smith se puso el traje de faena para comenzar con “Open”. La iluminación del escenario, con una decena de focos laterales y una línea superior, era más que efectiva para darle importancia a la música.

En esta primera parte del concierto fueron cayendo clásicos como “Charlotte sometimes”, “Three imaginary boys”, “Kyoto song”, “The blood” y se cerró, tras una hora y media con “End” que vino precedida de “From the edge of the deep green sea” y “One hundred years”. En esta primera parte se fueron combinando temas clásicos con algún que otro hit. Nos quedamos con la interpretación de los cortes mencionados y especialmente con “Sinking” ya que la banda logró que el público se metiera en la canción fácilmente.

El primer bis comenzaba con “It can never be the same”, un tema nuevo, y estuvo repleto de singles. El segundo bis, a eso de las once, arrancaba con “Shake dog shake”, “Fascination Street” y “Never Enough”.

A las once y veinte llegó la despedida con “Lovecats”, “Lullaby” y cerrando el concierto con “Friday I´m in love”, “Boys don´t cry”, “Close to me” y “Why can´t I be you?“.

Terminaba el curro para los miembros del grupo, que salieron pitando y sin saludar, y solo Robert Smith se quedó para agradecernos nuestra asistencia.

Visto lo visto, la banda supo equilibrar el repertorio escogiendo temas clásicos y aliñándolos con singles. Lo que está claro es que el grupo tiene la libertad de actuar como le apetece y que Smith no es el dictador que podría ser. Simon Gallup lucía una camiseta de Iron Maiden y una pinta de macarra de los años cincuenta impresionante. Jason Cooper es un metrónomo a la batería. El andrógino Roger O’Donnell consigue transmitir muchísimo con sus teclados. Reeves Gabrels logra ser la guitarra rítmica más efectiva. Robert Smith sigue creando melodías, cantando y dirigiendo un poco la orquesta pero sin perder ese toque especial que a veces nos recordaba a un chico tímido que estuviera tocando para una sala con quinientas personas.

La banda logró su objetivo, la gente se marchó contenta y el concierto será de los que se recuerden durante mucho tiempo en la Ciudad Condal. Estaremos allí cuando regresen.

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