11 octubre 2010 Conciertos, Jazz, Latino

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Lo que los largos años de embargo comercial y de desencuentro político entre Cuba y Estados Unidos había separado, el jazz ha sido capaz de volver a unir. Y es que el encuentro -en la más pura acepción de la palabra- entre la norteamericana Jazz Lincoln Center Orchestra (JLCO), comandada por el trompetista Wynton Marsalis; y los músicos cubanos, encabezados por Chucho Valdés, provocaron una auténtica “revolución cultural” en la La Habana.

Los conciertos que la JLCO ofreció en el teatro “Mella” durante la semana pasada fueron un continuo ir y venir entre ambas orillas del estrecho de Florida. Desde temas de los gigantes americanos como Duke Ellington, Thelonius Monk o Herbie Hancock hasta las últimas tendencias del jazz afrocubano. Además del maestro Chucho Valdés y los componentes de su última banda, los Afrocuban Messengers, también estuvo presente en los conciertos la voz de la veterana Omara Portuondo, algo que fue aprovechado para que Marsalis grabará junto a sus amigos cubanos Esta tarde vi llover.

Y es que parece que estos genios del jazz saltaron con habilidad sobre la situación de bloqueo para algo más que un simple concierto. “Vinieron sobre todo a interactuar, y a algo todavía más importante: a enseñar a los más jóvenes, a dar continuidad a la tradición”, comentaba el hijo de Bebo Valdés. A recoger lo que en los años cuarenta habían sembrado Dizzy Gillespie, Charlie Parker o Chano Pozo. Unos frutos que se pudieron ver durante la visita de Marsalis y los suyos a las escuelas de música de La Habana, donde impartieron varias clases magistrales y disfrutaron con las interpretaciones de los jóvenes músicos.

La mejor noticia es que este esperanzador intercambio musical continuará a finales de mes en Nueva York, con un Homenaje al Jazz Afrocubano, promovido por la Jazz Lincoln Center y que incluirá la actuación de la orquesta con Chucho Valdés, además de una exposición cultural. Esperemos que la iniciativa fructifique y que las diferencias políticas no dinamiten el frágil puente construido por la música.

Vía | Prensa Latina

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