Ángel Vallecillo – La explosión del rock duro (reseña de Kike G. Caamaño)
Nuestro colaborador Kike G. Caamaño reseña La explosión del rock duro, el libro de Ángel Vallecillo que ha publicado Redbook Ediciones recientemente.

Al comunicarme que si me interesaba un libro sobre rock duro, mi respuesta fue inmediata: ¡por supuesto! Yo crecí escuchando los discos de mis hermanos mayores. Gracias a ellos me empapé de clásicos de Led Zeppelin, Deep Purple, Genesis, Wishbone Ash, Black Sabbath, los primeros discos de Queen, Yes, The Who, los primeros Status Quo, Focus, Jethro Tull, los primeros AC/DC… En definitiva, un montón de nombres ya grabados con letras de oro en la historia del rock.
Más adelante, a principios de los 80, descubrí bandas que terminaron de convertirme en un seguidor absoluto del género: Iron Maiden, Judas Priest, Van Halen, Motörhead, Saxon… Así que, cuando recibí el libro, lo primero que hice fue empezar a recordar aquellos primerizos discos de hard rock y echar una ojeada aleatoria. Y ahí llegó la magia. Aparecían las portadas de discos imprescindibles del rock duro: Made in Japan, Back in Black, The Number of the Beast, Killers, British Steel, Holy Diver, High ’n’ Dry, Blizzard of Ozz… y, de repente, me topo con el primer disco de Van Halen.
«Venga, vamos a ver qué dice de una de mis bandas favoritas y del guitarrista que me cambió la forma de tocar… a mí y a generaciones enteras». Y empecé a leer. Al principio me entró cierta confusión emocional. Sí, habla maravillas de Eddie Van Halen, reconoce su importancia y la revolución musical que supuso, así como la grandeza de su primer disco, pero al mismo tiempo su música no termina de convencer al autor. Y eso, por supuesto, no supone ningún problema; faltaría más. Precisamente de eso trata la música: de gustos personales. Pero lo que sí me descolocó fueron algunos comentarios como: «Hasta mi abuela sabría hacer tapping si le das media hora», o aquello de que los discos de los 90 pasaron totalmente desapercibidos (yo soy de la era Roth), cuando prácticamente todos fueron número uno. Ahí pensé: «Bueno… desapercibidos precisamente no pasaron».
Seguí leyendo hasta que tuve que parar y decirme: «Espera, aquí me estoy perdiendo algo». Frené la velocidad, como diría nuestro querido Rosendo, y decidí empezar el libro como debe hacerse: desde el principio. Y ahí, en la introducción, entendí perfectamente qué tipo de obra tenía entre manos. Tal y como explica muy bien Ángel Vallecillo —escritor, Premio Miguel Delibes y, sobre todo, apasionado del rock duro—, este es un libro totalmente subjetivo, apasionado y escrito con mucho sentido del humor. Y precisamente ahí reside gran parte de su encanto.
Este libro no es una enciclopedia fría ni una colección de opiniones complacientes. Lo que te encuentras es el punto de vista totalmente personal del autor —y, por ello, discutible—, tan válido como el de cualquier aficionado que lleve décadas escuchando música. Y la verdad es que su lectura resulta muy entretenida.
De vez en cuando reciben palos algunas bandas que quizá estén entre tus favoritas: que AC/DC no hace un gran disco desde hace más de 40 años; que Rob Halford, en Painkiller, parece «la Bruja Avería con anginas»; o que Dream Theater no tiene capítulo porque «aburren hasta a las ovejas»…. Es posible que leas sobre alguno de tus artistas favoritos de una forma que te haga arquear una ceja, o incluso que eches de menos a alguna banda importante para ti, pero también acabarás soltando esa media sonrisa involuntaria que aparece incluso cuando no estás de acuerdo con lo que estás leyendo, al fin y al cabo, el rock también consiste en eso: en debatir, discutir, defender tus discos de cabecera y recordar por qué esta música sigue viva décadas después.
Como ya he dicho, aquí todo es subjetivo, y quizá ahí esté una de las claves del libro. Porque, sinceramente, tampoco creo que la objetividad absoluta sea necesaria cuando hablamos de música. Al final, las canciones se mezclan con nuestros recuerdos, nuestras épocas y nuestras emociones. Y ojo, que después de todo lo que he contado puede parecer que el libro no me ha convencido del todo. Pero no es así. Me parece un muy buen libro: muy currado, documentado y apasionado, divertido, interesante. Ángel Vallecillo utiliza constantemente una narrativa muy personal, directa, de colega, cargada de ironía, humor y sinceridad. Y sí, lo de “la Bruja Avería con anginas” me hizo sonreír más de lo que debería.
Lees el libro casi como si estuvieras tomando unas cervezas con un colega rockero que no tiene ningún miedo a decir exactamente lo que piensa. Seguro que coincidirás en muchas cosas (yo, por ejemplo, coincido con el análisis del gran Clive Burr o con el dedicado a Led Zeppelin) y en otras puede que no. Incluso habrá gente que, al leer sobre Led Zeppelin, tampoco esté de acuerdo porque simplemente no les gustan o directamente los detestan. Y, como bien dice Ángel: «Son solo opiniones… ¡La vida es una opinión!». Y eso hoy en día se agradece, porque muchas veces parece que todas las críticas musicales deban sonar idénticas o políticamente correctas.
¿Y qué vas a encontrar en su lectura? Pues historia de bandas míticas del heavy y del rock duro, curiosidades, análisis de grabaciones, estilos, productores, guitarras, épocas, discos legendarios y anécdotas que cualquier amante del género disfrutará. Además, el libro tiene algo muy valioso: consigue despertar las ganas de volver a escuchar álbumes que quizá llevabas años sin poner.
Está dividido en cuatro grandes apartados, que van desde la Santísima Trinidad rockera (Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath) hasta bloques organizados por eras: 1970-81, 1982-87 y 1988-99, con un epílogo dedicado al rock duro después de los años 2000, un pequeño apartado sobre las mujeres en el rock, un estudio sobre el black metal, sobre el metal progresivo, el rap metal, etc. En cada sección y en cada disco, Ángel analiza un auténtico trallazo heavy. Así, encontramos temas como «Back in Black», «Ain’t Talkin’ ’Bout Love», «Blackout», «Detroit Rock City», «Motörhead», «Touch Too Much» o «Livin’ on a Prayer», entre muchos otros… todo en orden cronológico, hasta cerrar el libro con «Las 15 maravillas del rock duro» (discos esenciales) y «99 trallazos indispensables».
Y ojo, que aunque estemos hablando de más de 400 páginas, el libro tiene un ritmo ágil y ameno, precisamente porque cada capítulo está escrito desde la pasión y desde la honestidad de alguien que lleva toda una vida escuchando esta música. Quizás ahí esté el mayor acierto del libro: no intenta sentar cátedra, simplemente comparte una pasión. Y cuando alguien habla de música con pasión de verdad, siempre merece la pena escucharle. Estoy seguro que lo vas a disfrutar, yo lo he hecho…y mucho. Y no, a mi abuela le das media hora… y no te hace un tapping. (jejeje)
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