Manolo Tarancón – The dark side of the moon (reseña de Kike. G. Caamaño)
Manolo Tarancón editaba, a través de Efe Eme, su libro The dark side of the moon. La revolución sónica de Pink Floyd. Kike G. Caamaño ha reseñado tan interesante obra.

Hablar de The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, es enfrentarse a uno de los discos más influyentes y mitificados de la historia de la música contemporánea. Publicado en 1973, el álbum no solo convirtió definitivamente a la banda británica en un fenómeno mundial, sino que redefinió la manera de entender el rock, demostrando que un disco podía ser mucho más que una simple colección de canciones. Su éxito fue descomunal: permaneció más de novecientas semanas en las listas de ventas estadounidenses y terminó convirtiéndose en uno de los discos más vendidos de todos los tiempos.
Escucharlo hoy supone un ejercicio curioso. Desde la perspectiva actual, acostumbrada a la inmediatez del consumo digital y a canciones concebidas para funcionar de forma aislada, The Dark Side of the Moon exige otra actitud: paciencia, atención y disposición para entrar en una experiencia continua. No es un disco pensado para escucharse a fragmentos, sino una obra conceptual en la que cada canción conecta con la siguiente y donde los silencios, los efectos de sonido y la atmósfera tienen tanta importancia como las letras.
Personalmente, me enfrenté a este reto después de escuchar obras como Wish You Were Here o mi disco favorito de la banda: Animals. Debo decir, además, que la copia en vinilo que cayó en mis manos no estaba en buen estado; un auténtico error para adentrarme en semejante obra, ya que los ruidos de polvo y las pequeñas ralladuras impidieron que pudiera escucharla con la atención y profundidad que merece. No fue hasta tiempo después cuando conseguí una edición “libre de pecados sonoros”… y entonces lo entendí todo. Comprendí el porqué de su grandeza y la admiré todavía más.
También conviene comprender lo que el álbum significó en su época. A comienzos de los años setenta, el rock buscaba ampliar sus límites artísticos, alejándose de la estructura tradicional del pop. En ese contexto, Pink Floyd llevó al extremo la experimentación sonora y temática: habló de la locura, el paso del tiempo, la avaricia, la muerte y la alienación con una ambición musical inédita para el gran público. Lo revolucionario no fue únicamente su sonido, sino demostrar que un disco complejo, filosófico y experimental podía convertirse en un éxito masivo.
Esta breve introducción a la banda —rara avis sería quien, siendo amante de la música, no la conociera— no es nada comparada con la excelsa, minuciosa, amena y exhaustiva narrativa que despliega el libro que hoy os quiero presentar: The Dark Side of the Moon, del gran Manolo Tarancón que es músico, periodista, productor, programador de conciertos y también escritor, pero, sobre todo, un apasionado de la música. Y el resultado de su estudio sobre este disco es, sencillamente, fantástico.
Me gusta mucho Pink Floyd. Tengo su discografía y unos cuantos libros sobre el álbum y la banda, pero el que hoy tengo delante de mí es una obra que recomendaría por encima de cualquier otra. ¿La razón? Su prosa, la cantidad de información que aporta y la profundidad con la que analiza el disco, además de una manera de escribir que consigue atraparte desde las primeras páginas.
La introducción del libro ya no deja lugar a dudas: una acertadísima metáfora escrita por Leila Guerriero que ayuda a situarse ante la complejidad del disco. Conforme avanzaba en la lectura, página tras página, me sorprendía asintiendo ante determinadas opiniones y descripciones sobre la banda y su música. Ocurrió tantas veces que, llegado un momento, pensé: «Esto debería anotarlo para comentarlo después». Y así fue. Reinicié la lectura y, en segundas nupcias, el libro resultó todavía más sólido, como esos matrimonios que empiezan a conocerse realmente después de años de convivencia.
Pero tampoco quiero desgranaros todo su contenido; así que, si sois amantes de la música, ya podéis ir buscando el libro. Eso sí, no puedo dejar de mencionar algunos aspectos especialmente brillantes. La comparación entre la música de Pink Floyd y la filmografía de David Lynch me parece genial. Citando de memoria el libro, resulta muy acertada la idea de que la música de Pink Floyd se sitúa lejos de la comercialidad más evidente, pero que, tras sus intrincadas estructuras musicales, logra transmitir sensaciones difíciles de expresar con palabras.
Adentrándonos más en la monografía, descubrimos una obra dividida en diecinueve capítulos, cada cual más interesante: uno dedicado a las letras, otro a la temática, la creatividad y las presentaciones en directo —incluyendo un capítulo sobre Pompeya y su relación con el álbum—, análisis detallados de cada tema y de cada sonido, explicando qué significan, cómo se gestaron y cómo evolucionaron, acompañados de abundantes testimonios de los propios músicos y demás personal involucrado en la obra. Todo ello se articula a través de una estructura no estrictamente cronológica, pero sí eficaz y absorbente, e ilustrada con numerosas fotografías de la banda durante aquella época y del proceso de grabación del álbum.
Y, por supuesto, tenemos su icónica portada: probablemente una de las imágenes más reconocibles de toda la historia de la música. La portada fue concebida por el estudio de diseño Hipgnosis, formado principalmente por Storm Thorgerson y Aubrey Powell. El dibujo final del prisma lo realizó el ilustrador George Hardie. Después de varias portadas experimentales, Richard Wright pidió un diseño «simple, elegante y con clase». Thorgerson llevó varias propuestas al grupo, pero cuando vieron el prisma, todos la eligieron inmediatamente. Para Thorgerson, aquella portada supuso la obra que lo convirtió en leyenda. Ya trabajaba con Pink Floyd anteriormente, pero esta portada elevó a Hipgnosis a un nivel completamente distinto. A partir de ahí, el estudio pasó a convertirse en una referencia absoluta del diseño musical de los años setenta y ochenta. Y, si queréis saber más, ya sabéis: id a por el libro.
La narrativa revela, muchas veces con un tono casi novelesco —y precisamente por ello tan eficaz y ameno—, las personalidades de los miembros del grupo: sus inquietudes, aficiones, rarezas, inicios, encontronazos, genialidades y obsesiones.Especialmente interesante resulta el análisis del estudio de grabación, así como la figura del gran Alan Parsons y su decisiva aportación al sonido del álbum: ese entramado de recursos musicales, capas sonoras y efectos que terminaron creando una escucha difícil de comparar con cualquier otra. El capítulo cinco, El estudio y Alan Parsons, es probablemente uno de los que más he disfrutado personalmente como músico.
También destacan las reflexiones sobre la importancia de David Gilmour frente a la creciente autoridad creativa de Roger Waters —aunque el propio libro subraya la relevancia fundamental de todos ellos en la gestación del disco—; la conjunción casi mágica entre los miembros de la banda, la camaradería que más tarde desaparecería, las reediciones del álbum, el antes y el después musical de Pink Floyd —deteniéndose tanto en los discos anteriores como posteriores del grupo— y una larga lista de aspectos brillantemente desarrollados por Tarancón, culminando con una relación de conciertos y ediciones del álbum que constituye una guía imprescindible para aficionados y coleccionistas.
Y, por supuesto, Syd.
El libro, más que limitarse a enumerar datos o curiosidades, ofrece una visión muy cercana de todo lo que rodeó al disco. No se limita a hablar de música; también ayuda a entender qué estaba pasando alrededor de la banda y por qué el álbum terminó siendo tan especial. Manolo Tarancón nos entrega una historia que funciona tanto para lectores ya familiarizados con Pink Floyd como para quienes se acercan por primera vez al álbum: una obra viva que, décadas después, sigue palpitando en nuestro tiempo.
Puedes encontrar el libro en tu librería habitual o pedirlo en este enlace. Que lo disfrutes.
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