Miguel Costas: «Hay decisiones mías que no me dejan exactamente bien en este libro»

Miguel Costas: «Hay decisiones mías que no me dejan exactamente bien en este libro»

Escrito por: David López   04/06/2026   6 minutos

Miguel Costas nos cuenta las claves de sus memorias que salen hoy mismo a la venta. Descubre qué piensa el mítico músico gallego de tan interesante libro.

Miguel Costas nos cuenta las claves de sus memorias que salen hoy mismo a la venta. Descubre qué piensa el mítico músico gallego de tan interesante libro.

Miguel Costas

– Decía Paul Stanley de Kiss que unas memorias suelen ser «una carta de amor al protagonista». Elton John indicaba que siempre son «un ajuste de cuentas». ¿Cómo definirías tu libro?

Pues una cosa con muchas hojas y unas tapas un poco más gordas que las de un disco. Lo mío fue más bien una conversación larga. El libro lo cuento yo, pero quien lo escribe es mi amigo Renato Landeira, que tiene la costumbre de empezar libros que luego nunca termina. Este lo terminó, en buena parte porque apareció Roca Editorial con criterio y tijera, y porque se ve que le hice suficiente gracia por teléfono durante meses de carretera entre Vigo, Escairón y de nuevo Vigo. Carta de amor, no: tendría que haberme puesto demasiado serio. Ajuste de cuentas, tampoco: si hubiera querido ajustar cuentas, el primero en pasar por caja habría sido yo mismo, que es el que tengo más a mano y el que peor se porta. Lo que hay dentro es otra cosa: el rastro de una vida con sus charcos, su gente y sus guitarras desafinadas. Con algo de humor, bastante honestidad y, de vez en cuando, un bol de palomitas a repartir entre cinco en un camerino. Sin épica de más.

– ¿Son estas memorias una entrada en la fase de homenajes que confirmen que eres el mejor cantante del mundo, o un reinicio del resto de tu carrera?

Ni una cosa ni la otra. Homenaje suena a estatua con paloma encima, y reinicio suena a que llevaba tiempo apagado. Ninguna de las dos cosas es verdad. Empecé a tocar con quince años con una guitarra que me regaló mi abuela reuniendo cupones de un supermercado. Con veintiuno grababa el ¿Cuándo se come aquí?. Desde entonces no he parado, salvo un par de años en que la vida me dio un par de motivos de peso para hacer una pausa. En el libro cuento esos motivos con más detalle del que probablemente esperabas. Lo que sí puedo decir es que aquí sigo. La guitarra sigue enchufada. Y eso no es un reinicio: es simplemente lo normal.

– ¿Se te ha quedado algo en el tintero durante tus conversaciones con Renato?

En el tintero, no. Quedó en Times New Roman a tamaño 12 en el disco duro de Renato. El manuscrito original superaba las ochocientas páginas. Menos mal que hay editores para eso. Con las canciones me pasa lo mismo: he compuesto tres o cuatro veces más de lo que ha salido a la calle. No lo digo para echarme flores sino porque así funciona esto: uno va acumulando material como el que guarda herramientas en el garaje. Así que restos para otro libro los hay. Otra cosa es que el cuerpo y las ganas coincidan en el mismo momento.

– ¿Cómo crees que se posicionarán los seguidores de Siniestro Total ahora que cuentan con tu versión de lo sucedido?

La palabra «versión» me da un poco de pereza, como si esto fuera un juicio. No es eso. Aquí no hay acusados ni hay testimonios cruzados. Lo que hay es una vida contada desde dentro, con la memoria que tengo —que es bastante escasa— y la libertad que me tomé —que es bastante amplia—. Habrá quien diga que tal cosa no fue así. Probablemente tengan razón en muchos detalles. Pero esta es mi historia, construida con lo que recuerdo y lo que soy, no con lo que alguien quisiera que recordara. Si el libro es honesto es porque el primero que no se deja pasar una soy yo mismo: hay decisiones mías en estas páginas que no me dejan exactamente bien. Las cuento igual.

-¿Qué le dirías a alguien que no sabe qué se va a encontrar en este libro? ¿Cómo se lo venderías?

Le diría que esto no va de escribir bonito. Va de querer escribir verdad. Dentro hay humor, hay algunos golpes duros, hay Vigo y Escairón, hay guitarras, hay gente que vale mucho la pena y alguna decisión que en su momento parecía razonable y que vista desde aquí tiene toda la pinta de disparate. Hay una historia que empieza en un bajo del Calvario vigués con seis personas en noventa metros y sin ducha, y termina cincuenta años después en el WiZink Center con la voz hecha un estropajo y el calcáneo pidiendo la tregua que no le había dado en todo el concierto. Si eso te suena a algo que quieres leer, el libro es tuyo. Si no, tampoco pasa nada: no está escrito para todo el mundo, ni pretende serlo.

– Tras tu trabajo en Aerolíneas Federales, Siniestro Total, Los Feliz y tu carrera en solitario, ¿crees que el personal te valora como compositor o guitarrista? ¿Se entiende verdaderamente esa retranca gallega y el trasfondo de tus letras y de tu música?

Antes que como compositor o guitarrista prefiero que me valoren como persona. Y creo que, si el libro funciona, es precisamente porque no arranca desde el músico sino desde el chaval: el que se quedó sin padre con dieciocho años y tuvo que ponerse a trabajar para sacar adelante a la familia, el que instalaba postes telefónicos con la misma devoción con la que luego tocaría «Miña Terra Galega» en el Rock-Ola. Lo de la retranca: hay quien la coge al vuelo y hay quien no. Tampoco espero que todo el mundo haga el esfuerzo. Pero lo que me parece importante es que las canciones que mejor han viajado —«Bailaré sobre tu tumba», «No somos de Monforte», «No me beses en los labios»— no necesitan que el oyente conozca el contexto. Llegaron solas. Eso me dice que cuando algo es suficientemente verdadero, la retranca no es una barrera: es el envoltorio, no el regalo.

– ¿Qué podemos esperar de Miguel Costas en los próximos meses? ¿Tienes cuerda para rato?

Tengo conciertos. El libro se acaba en la página 351, pero yo no he apagado el amplificador. Mientras la gente siga pidiendo canciones, no tengo ningún motivo para parar. La agenda está en miguelcostas.com para quien quiera seguirla. Y alguna sorpresa más que de momento guardo en el garaje junto a las herramientas. Cuando salga, ya lo sabréis.

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