23 noviembre 2016 Críticas, Rock

Robe Destrozares portada

No existe en lengua castellana la palabra ‘Destrozares’. El propio Robe recomienda no tratar de entenderla, solo sentirla. El compositor, letrista y vocalista de Extremoduro ya tiene a la venta su nuevo disco en solitario, Destrozares, canciones para el final de los tiempos. Tras Lo que aletea en nuestras cabezas de 2015 Robe dobla la apuesta con un disco más extenso e íntimo.

Un guitarreo tranquilo abre Hoy al mundo renuncio, y pronto se le suman instrumentos con aires bucólicos. La voz sofocada de Robe irrumpe y deja claro desde el primer minuto que la temática bajonera del título permanecerá durante los más de 50 minutos de disco. La canción luce con clase y muestra un interesante juego instrumental. Destaca sobre el conjunto El cielo cambió de forma. Más oscura que el precedente, su estribillo notorio se ve acompañado de un dueto entre piano y quejíos que recuerda al mejor Robe. El apartado musical se mantiene arriba.

Los arreglos bajo su mando suman, resultan agradablemente variadosCon Querré lo prohibido el músico demuestra que los arreglos bajo su mando suman, resultan agradablemente variados. Las vivencias personales de Iniesta copan las letras. Y oigan, suena un álbum en solitario. Los excelentes Yo, minoría absoluta o La ley innata se editaron en 2002 y 2008 respectivamente. En 2016 estamos a otra cosa. Eso sí, las letras de Robe parecen faltas de la magia poética de tiempos pasados -con honrosas excepciones-, si bien afianza su sinceridad.

Una introducción folklórica queda sobrepasada por un estallido rock. En Cartas desde Gaia los cambios rítmicos resultan continuos y de cierta dureza. Unos versos desesperanzados no vislumbran futuro para el hombre, como si Robe pisase el final de un sendero y el abismo se abriese a sus pies. En la destacada Del tiempo perdido la letra recupera su fuerza, suena fresca y franca. El autor revisa sus gestas con pulso firme y nos identifica con su sentir.

Para Por encima del bien y del mal se editó el espectacular videoclip sobre estas líneas. El sencillo que pudísteis escuchar hace algunas semanas contiene momentos de gloria creativa que, acompañados por las imágenes de Diego Latorre suponen un cálido gozo hasta llegar a su cierre instrumental. Antes de este punto hemos comprendido lo bien estructurado y lo homogéneo de este Destrozares, canciones para el final de los tiempos.

Las canciones se suceden sin prisas por desenvolver sus encantos. El amor, la mujer y la muerte rondan los diez cortes. Robe deja a un lado al rock y experimenta sin perder el norte. Ejemplo de ello hallamos en la bonita y evocadora Donde se rompen las olas. La curiosa Puta humanidad nos trae una instrumental alegre y movida al tiempo que se desgrana una letra desencantada con especial incidencia de influencias jazz.

El conjunto suena a testamento artístico desnudoLa introducción suave a piano da paso a La canción más triste. Con una ruptura interpersonal como telón, el sentimiento a flor de garganta hace honor al título. El tema más crudo del álbum nos impele a tomar la portada entre las manos y contemplarla absortos. El conjunto, capitaneado por La canción más triste suena a testamento artístico desnudo.

La décima pista nos golpea brutal. En Destrozares Robe nos jura que “renegué de todo lo anterior”, y escribe sin velos de depresión, de su profundo malestar, del dolor, de la muerte tras el amor. Nos preguntamos si estamos antes un disco conceptual con mayor ahínco del supuesto.

El álbum físico tipo jewel case nos llega con protector de cartón que emula el arte de la portada y la contraportada. En el interior un grueso libreto a todo color con 24 páginas contiene créditos, agradecimientos y las letras de todas las canciones, cada una de ellas acompañada por una fotografía o imagen.

Refleja agonía vital y una capacidad creativa a medio tiempoAsí una mano negra agarra a una mujer en Hoy al mundo renuncio, una persona se arrastra enfangada en el barro en Cartas desde Gaia y una mujer en chupa negra fuma rodeada por escombros en Puta humanidad. En la contraportada del libreto el propio Robe agarra una guitarra sumergida en un lago sin fin, moderna Excálibur sin damas, o quizá la arroja y deserta.

Bajo la acertada portada de Destrozares, canciones para el final de los tiempos encontramos un recopilatorio triste pese a lo variado de su apartado instrumental. Los arreglos y las instrumentaciones de terceros resultan exquisitos. Robe continúa buscando su verdad en un mundo post-Extremoduro, y este álbum compuesto desde las entrañas refleja agonía vital y una capacidad creativa a medio tiempo. Pero el camino sigue, aunque duela tanto.

  1. Hoy al mundo renuncio
  2. El cielo cambió de forma
  3. Querré lo prohibido
  4. Cartas desde Gaia
  5. Del tiempo perdido
  6. Por encima del bien y del mal
  7. Donde se rompen las olas
  8. Puta humanidad
  9. La canción más triste
  10. Destrozares

Vídeo | Canal oficial de Robe en YouTube

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