De que José Domínguez Muñoz, El Cabrero, es una de las figuras más relevantes del flamenco surgidas tras el fin de la dictadura no hay duda. Hablamos de un cantaor largo, con amplios registros y apegado como pocos a la tradición, al toque clásico del que siempre se hace acompañar, y que, sin duda, gozaría de más atención de no ir con su mensaje por delante. Porque El Cabrero, ante todo, es lo que canta, el grito de los que no tienen nada, la tragedia presente en el origen del flamenco y que, bajo otras vestiduras, sigue repitiéndose cada día.
Arctic Monkeys entrarán en el estudio antes de lo que se piensa. En cuanto termine la gira que están haciendo en estos momentos piensan volver ante la mesa de mezclas para grabar un nuevo disco. Que el grupo no se tome ningún tiempo de descanso es una noticia que ha sido bien recibida por los fans de la banda.
El mejor momento de los suecos fue cuando sacaron a bailar a un personaje algo obeso, del que satirizaron con que pertenecía al 'Royal Ballet' o no sé qué. Se puso en frente del escenario y se movió de forma muy graciosa, animando al público a imitarle –cosa que hicieron para mi vergüenza ajena. Fue peor cuando dos chicas feas y fofas se pusieron a mover el esqueleto justo al lado mio. Supongo que ese tipo de ritual es su vía de escape a sus vidas vacías. Tomé una tercera cerveza. Stereo Total me parecía un buen nombre para un grupo. Los germanos Françoise Cactus y Brezel Goering hacen música electrónica, y mientras una parece ama de casa vestida de marciano, cantando y desplazándose a pasos por el escenario, el otro ejerce su función de batidora. Me pareció el mejor grupo de la noche, y eso que solo escuché dos canciones.