5 marzo 2010 Entrevistas, Flamenco

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Poeta, escritor y periodista, Paco Vargas es un gran conocedor del universo flamenco y todo lo que gira alrededor de él. Premio Internacional de Periodismo, dirige Ático Izquierda, una Redvista independiente -como a él le gusta denominarla- que gravita en torno a este arte, ocupación que compatibiliza con su labor en la histórica publicación El Olivo Flamenco, colaboraciones con distintos medios y diversos proyectos, además de dedicarse a la docencia. En esta entrevista, muestra sus ideas e inquietudes, marcadas por una amplia experiencia, sobre la actualidad del flamenco.

¿Cómo ves la situación del flamenco en la actualidad? ¿Qué crees que le falta y que le sobra?

Creo que el flamenco está viviendo la mejor época de su historia en cuanto a consideración social, dignidad de los artistas, apoyo institucional, etc. Ahora bien, no me parece que sea igual en lo artístico: la cantidad no siempre va acompañada de la calidad. En este sentido, hay mucha confusión en cuanto a las líneas estéticas y conceptos flamencos. No se tiene claro cuál debe ser el camino a seguir, sobre todo entre los artistas jóvenes a los que veo algo desorientados; aunque no es de ellos la culpa sino de la pérdida de valores estéticos que viene sufriendo el flamenco desde hace no pocos años. Sin embargo, afortunadamente, cada día más un amplio sector de esos jóvenes, hartos quizá de tanto flamenquito y tanta voz meliflua, de tantas gilipolleces como les imponen –o ellos aceptan- está volviendo la vista atrás buscando las esencias de esta música única que se llama flamenco. Le falta al flamenco pararse y reflexionar para seguir andando sin perder el compás, nunca mejor dicho. A los artistas les falta afición y les sobra glamureo.

¿Hay en este ámbito tanto divo como parece?

Hay más de lo que parece, la mayoría de ellos y ellas sin méritos para serlo. Siempre ha habido divos y divas (Marchena, Caracol, Camarón…) pero era un divismo de andar por casa, doméstico. Ahora, sobre todo los más jóvenes, han copiado las poses caprichosas de los famosos en otras músicas como el rock; pero sin saber muy bien por qué: exigen cosas en los contratos que a veces producen risa ¿Para qué quiere un cantaor o cantaora una cesta llena de fruta fresca antes de cantar o las toallas de un color determinado o una planchadora o una marca de güisqui determinada, cuando ni come fruta, ni utiliza las toallas, sale en vaqueros y sólo bebe agua? Caprichos de catetos endiosados.

¿Cómo entiendes la “modernidad” que desde algunos ámbitos -discográficas, medios generalistas- se nos trata de imponer en relación con el flamenco?

No hay tal “modernidad”. Lo que hay son muchos intereses económicos y poco respeto por parte de estos medios y sobre todo de las discográficas –multinacionales principalmente-, a las que sólo les importa el dinero sin tener en cuenta el verdadero valor artístico del flamenco.

Enlace | Segunda parte de la entrevista

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