Mayhem – Liturgy of death (crítica)

Mayhem – Liturgy of death (crítica)

Escrito por: David López   @FyDescritura   2 minutos

Criticamos Liturgy of death, el esperado nuevo trabajo de Mayhem en el que la banda da un paso más hacia la forja de su propia leyenda.

Criticamos Liturgy of death, el esperado nuevo trabajo de Mayhem en el que la banda da un paso más hacia la forja de su propia leyenda.

Mayhem Liturgy Of Death 700x700

Desde el inicio con «Ephemeral Eternity» está bastante claro que nos vamos a encontrar con la potencia habitual, pero esta vez sin obviar algunas pinceladas de metal clásico que enriquecen el resultado final. En «Despair» sí que vuelven a adoptar el camino sonoro que les hizo famosos y en el que demuestran que existe un sonido Mayhem que no han dejado de mejorar con los años.

«Weep for nothing» nos parece una de las mejores canciones del disco al fundir el sonido de la banda con elementos como los teclados, el thrash metal más clásico y varios elementos que habrás de descubrir durante la escucha. Son siete minutos de pura tralla sin piedad alguna. «Aeon’s end» casi entronca con los Slayer más potentes, la saturación sonora llega a su culmen y la banda sabe salir indemne de semejante reto.

«Funeral of existence» es un fiel reflejo del dominio de los medios tiempos, de la elegancia y de la solemnidad necesaria para entender a una banda tan fundamental. «Real of endless misery» es pura caña y un claro ejemplo de cómo la herencia recibida de bandas como Venom sigue intacta. «Propitious death» te deja sin aliento desde el primer momento y te lanza contra un muro de distorsión casi imposible de traspasar. Con «The sentence of absolution» se llega al gran final en el que la banda lo da todo a lo largo de sus más de siete minutos. A destacar, sus dos últimos minutos por ser el fiel reflejo de cómo es posible triunfar en el metal sin necesidad de venderse al mejor postor.

Gran disco el de Mayhem que les vuelve a colocar en el liderazgo de las bandas de metal underground a las que no les hace falta tocar en un estadio para triunfar.

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