Tool – Fear Inoculum, crítica de Marius Patient sobre la última obra maestra de la banda

Tool – Fear Inoculum, crítica de Marius Patient sobre la última obra maestra de la banda

Escrito por: David López   @FyDescritura    27 septiembre 2019     10 minutos

Marius Patient ha tenido a bien redactar una excelente crítica de Fear Inoculum, la obra maestra con la que Tool han vuelto al panorama musical.

Marius Patient ha tenido a bien redactar una excelente crítica de Fear Inoculum, la obra maestra con la que Tool han vuelto al panorama musical. Te dejamos con ella.

El pasado domingo 30 de junio de 2019 disfrutamos de su única visita en España para cerrar un grandioso festival en nuestra capital, y, como era de esperar, Tool no defraudó. Su setlist incluyó dos tracks de ésta, su esperada nueva obra. Los tooleros queríamos más esa noche, pero la espera era ya corta. La fecha de lanzamiento de su quinto larga duración estaba ya próxima: 30 de agosto, es decir solamente un mes más para el miedo.

Tool Fear Inoculum

Ha pasado casi un mes desde que esta Special Limited Edition aterrizara en mis manos como un preciado regalo. Horas de leer cada página del libreto, de repetir cada track y de hipnotizarme con la pantalla que se enciende al abrir este esperado tesoro violeta, y cuyos altavoces suenan dentro de tu mente. Esta nueva obra se oye, se ve y se huele. Uno llega a perderse entre seres con varias extremidades, con decenas de pares de ojos y todo ello enmarcado con una perfecta geometría que cobra vida gracias al relieve de las formas del cuidado libreto, obra del genial Alex Grey.

Es hora de reflexionar, valorar y sintetizar estos 13 años de espera con nombre y apellidos: Fear Inoculum.

Como he mencionado, ha sido un mes de digerir, analizar y disfrutar de esta nueva obra. Para los adictos a esta banda, el lanzamiento de este nuevo álbum es un momento muy especial que llevábamos años esperando desde su anterior 10,000 Days allá por mayo de 2006.

El álbum presenta 7 tracks en esta edición física, y todas, excepto una, son canciones muy extensas que superan los 10 minutos de duración. El 7 como número mágico está presente en su rítmica, simbología y su arte; así nos contaron ellos mismos semanas antes del lanzamiento.

“Fear Inoculum” es el primer track, que, a su vez, da título al nombre del álbum y pudo escucharse días antes de la salida oficial del disco. Es un tema muy intenso que abre el álbum y que gusta más cuanto más uno lo reproduce. La canción presenta un motivo con tres notas misteriosas y que se va repitiendo cada vez de las seductoras manos de Adam Jones y su inseparable Silverburst. La idea inicial crece por momentos y a cada vuelta de acordes. La percusión se une seguidamente y nos hipnotiza hasta por fin despegar la base que junto con el bajo da la bienvenida a la esperada voz de Maynard que abre con un sentimiento profundo: voz limpia, afinada y aterciopelada hasta la llegada de las palabras «venom and mania».

Seguidamente, Maynard vuelve a la carga y nos susurra varias veces «bless this immunity» hasta recitarnos su poderoso y convincente estribillo, el cual rompe a cada acorde, pero que rápidamente uno capta, se engancha y tararea: «Exale. Expel. Recast my tale».

De nuevo, vuelta al comienzo de la espiral y ya no sé si empezarla de nuevo o si seguir descubriendo este exquisito miedo en la siguiente estrofa. El tema nos muestra una percusión trival muy inspirada en su anterior “Reflection” de su álbum Lateralus (2001), y que converge en innumerables estructuras rítmicas propias de Tool, que desembocan en locura de doble bombo por parte de Danny Carey. Final apoteósico que sueño ya con ver en directo.

“Pneuma” engancha a la primera, y su título, aún más. Es fresca, melódica, vibrante y con sonidos ambientales y místicos por parte de Jones y Chancellor. El tema abre con distintas capas de ideas de un mismo motivo de la mano de unos acertados efectos que te trasportan a varias fases, hasta una conclusión mayor por parte de la guitarra limpia de Jones, desde donde nace una línea de bajo hipnótica con delay de manos de Justin, cuyo pulso me cuesta la vida contar, pero, de inmediato, Carey me ayuda a marcar y a creer que no hay ritmo imposible.

Maynard se aproxima, se lanza al corazón y me convence al instante con sus tres palabras: «We are spirit». Cuando me doy cuenta, ya no sé si mi mente está siguiendo al bajo, a la guitarra o si estoy rezando el texto que tengo delante. Sin duda, estos casi 12 minutos de “Pneuma” son de mis favoritos del álbum y el riff de guitarra que nace después del estribillo es para mí uno de los momentazos musicales del disco: un riff simple y compacto, contundente, y que te transporta a los días de “Stinkfist” allá por el ‘96. El mismo riff cierra el tema y te deja con ganas de oírlo de nuevo para así poder retomar el aliento.

“Invincible” fue tocada anteriormente en varias ocasiones en directo, y por suerte, también en Madrid pudimos disfrutarla en primicia antes de la salida del álbum. El tema comienza con una secuencia calmada de arpegios limpios y atípicos de la mano de Jones, los cuales se muestran enigmáticos, sutiles y esplendorosos. De nuevo, la percusión crea bases para que tu corazón retome el pulso y aprenda a contar. Cuando te das cuenta, Maynard ya ha comenzado a contarte su peculiar historia de batallas y te duerme con su reflexión: «but here I am».

Texto en mano, me abro la enciclopedia de la uve doble para saber más sobre los fantasmas de Ponce de León y su conexión con el universo de la herramienta. Ponce, así como el emperador Calígula, son plasmados del puño y letra del intelecto Maynard, y aquí es cuando a uno le engancha Tool aún más, y desea parar el tema para investigar más sobre estas dos personalidades citadas en la canción; sin éxito: el estribillo no permite desconexión alguna.

Justo antes del ecuador del tema, Tool se permite ralentizar sus ideas y decide llevarte a otro ambiente más pausado dentro de la misma canción. Adam nos brinda un solo original, distinto, con un sonido de guitarra lejano, para dar seguidamente paso a sintetizadores sacados de otra galaxia. Es el turno de Maynard («Tears in my eyes…»), con efecto vocal robótico como si nos invitara a escuchar el futuro. ¿Puede escucharse el futuro? Tool puede. ¿Lo dudabas?.

“Descending” fue igualmente interpretada en directo con anterioridad, aunque, desde mi humilde punto de vista, esta versión de estudio contiene maravillas que en directo no pudimos oír, sobre todo algunas armonías de guitarras, así como unos coros muy bien diseñados que casan en armonía a la perfección. Este cuarto corte sigue siendo de sobresaliente y hace que, junto con las tres anteriores el disco, sea un álbum en su comienzo muy redondo, elaborado, profundo y poderoso.

El tema abre con algo más de un minuto de reflexión incierta: mar, aire, o cualquier elemento que tu mente imagine antes de la entrada en bucle por parte del arpegio de Chancellor. El tema de repente rompe con la entrada de guitarra y voz hermanadas, diferenciadas, pero hacia un mismo lugar. La voz de Maynard disfruta en este track de un efecto precioso de voz distante como si entrara y saliera, y luego descendiera.

Adorna la entrada Carey y sus originales drum patches que acompañan al set de batería. Ya en directo pudimos disfrutar de sus sonidos digitales envolventes que marcan su sello en cada track del álbum.

La voz de Maynard sigue relatando, pero a cada vuelta se disfruta más con unas preciosas armonías que, como digo, no pudimos disfrutar en directo, pero que aquí suenan a gloria: «Sound our dire reveille». Un tema muy extenso, que supera los 13 minutos y medio, y que firma su culmen en la segunda mitad, con un Adam muy acertado quien se envaina un «slider» de metal en mano izquierda desde el séptimo minuto (¿casualidad?), para trasmitirnos esas notas tan maravillosamente aunadas, y que, sin darte cuenta, te llevan a otro viaje guitarrístico de armonías cuidadosamente elegidas.

El tema resetea de nuevo con el hipnotismo del latido de Chancellor y esos drum patches de Carey, los cuales nos llevan a un final apoteósico que se hace esperar, y que tiene su culmen en el golpe de gong baqueta en mano. La recta final se presenta muy en la línea Tool: riffs de cierre que traen consigo unos rompedores ritmos de batería que desconciertan al oírlos y que no quieren terminar sin darlo todo. El tema cierra no sin antes volver a esas olas iniciales, o lo que quiera que oíste al comienzo del viaje.

“Culling Voices”, es para mí el alto en el camino del álbum, y quizá la pieza más profunda y compleja del disco. Un arpegio triste, místico y casi religioso sirve en el comienzo como base para la voz de Maynard, que en este tema se presenta entristecida y compleja. Llama a la meditación, a la búsqueda. El tema te deja en estado hipnótico de principio a fin, aunque uno necesita varias escuchas para tomarle el pulso y el sabor a la pieza, y puede considerar una idea muy alargada e innecesaria en su segunda mitad, sobre todo viniendo del excepcional arranque del álbum.

“Chocolate Chip Trip” con sus apenas cinco minutos, es la pieza más corta del puzle. Quizá se salga un poco de la línea que lleva Fear Inoculum, pero todos somos conocedores de los tracks extravagantes que contienen los álbumes de Tool, estén éstos escondidos o no.

El álbum está llegando a su final, no antes sin dejarte de vuelta y media con este viaje de chocolate. Es Danny quien pone el broche a este tema, con sus innumerables componentes percusivos para dejarte fuera de la espiral durante unos minutos. Danny juega con sonidos industriales, mecánicos, robóticos, digitales, todos válidos para un viaje al fin del álbum. Todo ello bajo el bucle de una melodía de sintetizador que se presenta incómoda, pero insólita a la vez.

“7empest” cierra el álbum con sus más de 15 minutos, siendo éste el track más largo del disco. La canción presenta una rítmica brutal y rápida, llena de energía, y a un Maynard enfadado, que escupe cada estrofa y que se enfrenta al oyente sin pudor («We know your nature»).

El tema descubre a Jones con unos solos interesantes y con mucho protagonismo en la parte central, donde se explaya sobre la constante base de bajo, lanzando frases, estirando cuerdas e insertando silencios entre sus diferenciadas ideas. Ahora llega el momento de ligar notas, saltando de cuerda a cuerda, como solamente él sabe, y de usar delay en sus paisajes; jamás habíamos visto tanto solo junto por parte del señor Jones.

«A tempest must be just that» nos canta Maynard como colofón de un disco que, en mi opinión, ha llegado para quedarse, y que, con el paso de los años, esperamos que quede en el mismo pódium que sus antecesores.

Fear inoculum muestra un sonido maduro, más limpio y definido que sus anteriores obras, donde Tool sienta sus extensas nuevas ideas y las mezcla con conceptos propios, fruto de tres décadas de intachable universo musical. Este miedo tiene musculatura, tiene poder y tiene inmensidad, y, tras la merecedora espera de trece años, nos llega en forma de placer para nuestros oídos, ojos y mente.

Miedo, pero sin duda, un confortable y espiritual miedo.

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